Manuel Gago García (Valladolid, 1925 - Valencia, 1980). Original de la plancha quinta incluida en el cuadernillo nº 8 de esta serie, titulado
El río de la muerte. Tinta china sobre cartulina de dibujo. Dimensiones: 32 x 24,7 cm. Año 1955.
Esta plancha fue realizada por uno de los más famosos y apreciados historietistas españoles: Manuel Gago, gran rey del formato cuadernillo y creador de series tan emblemáticas como
El guerrero del antifaz (1943),
El pequeño luchador (1945),
Purk, el hombre de piedra (1950), o
El espadachín enmascarado (1952), todas ellas hechas para Editorial Valenciana. Gago ideó
El Capitán España —que se prolongó durante 31 cuadernillos semanales y un almanaque— ya para Maga, la editorial que fundó en 1951 (cuyo nombre surgió del acrónimo formado por su nombre y primer apellido) y que sería uno de los puntales más importantes de la industria del cuadernillo en España (junto a la citada Valenciana, Bruguera y otras). Es la tercera serie que el artista puso en marcha para la nueva editorial (después de
Leyenda y fantasía y
El pistolero justiciero) y constituyó su primera incursión en el subgénero —tan exitoso y trepidante— de los aventureros del mar.
Como ha señalado Francisco Tadeo Juan en un
artículo dedicado a la serie (y que me permito citar extensamente, dado lo evocador de su texto):
«El Capitán España nos aportó esa brisa fresca y perfumada del mar, ese exotismo liberador que tanto necesitábamos en aquellos días [...]. Hay en este serial una influencia evidente de dos películas:
El mundo en sus manos (Raoul Walsh, 1952), con Gregory Peck y Anthony Quinn, y
Todos los hermanos eran valientes (Richard Thorpe, 1953), con Robert Taylor y Stewart Granger [...]. Los diálogos de los personajes están hábil e ingeniosamente sazonados con expresiones y términos marinos. Creación literaria y gráfica de Manuel Gago, su hermano Pablo contribuyó también en los guiones. Como en todos los seriales de Gago, se aprecia su maestría en la narrativa gráfica y ese extraordinario dominio del movimiento en personajes y acciones. Por supuesto,
El Capitán España adolece también de la rapidez de ejecución acostumbrada por el autor, pero a pesar de ello, el dibujante es capaz con su arte de sugerir en la mente del lector lo que quiere transmitir, incluso aquello que no representa gráficamente con la exactitud y detalle que habría podido hacer si hubiera dispuesto de medios [...]. Una bella historia de amor, de amistad, de aventuras, llena de sentimientos y nobles cualidades, cuando aún se creía en ellos, pero que pronto serían ahogados por el modernismo deshumanizador. Los lectores entonces no teníamos vergüenza de seguir a un héroe que se denominara orgullosamente Capitán España, como un homenaje a la patria llena de virtudes a la que todo individuo se sentiría orgulloso de pertenecer en su unidad y variedad invertebrada. Eran otros tiempos».
Poco más que añadir. Sólo que se trata de un maravilloso original donde brilla por su ausencia el espíritu de lo políticamente correcto (como puede verse al comprobar la alegría con que el protagonista de la historia ametralla, sin piedad, a tirios y troyanos). ¿Pero qué niño se preocupa de esas tonterías que tanto ponen en jaque a los políticos hoy en día...?